Observo el paisaje, el cuerpo y los espacios cotidianos como territorios donde afloran huellas visibles e invisibles de la experiencia. Me interesa aquello que se transforma, se desgasta, desaparece o persiste en estado de tensión. En mis imágenes, la realidad no aparece como algo fijo, sino como un campo sensible atravesado por cambios y presencias inestables.
    Trabajo principalmente con emociones vinculadas al miedo, la tristeza, la ira contenida y el extrañamiento. No busco ilustrarlas de manera literal, sino investigar cómo modifican la percepción y alteran la relación con el entorno. Entiendo que lo que observo siempre está filtrado por un estado interno, y que esa condición afecta la forma en que veo el territorio, los cuerpos y la memoria.
    La fotografía opera en mi práctica como un doble filtro. Por una parte, registro el mundo desde una sensibilidad marcada por esas tensiones afectivas; por otra, utilizo recursos técnicos como la larga exposición, la distorsión, la alteración cromática y la fotografía infrarroja para desplazar la imagen desde el documento hacia una dimensión simbólica. Estos procedimientos me permiten construir atmósferas donde lo visible se vuelve ambiguo, inestable o perturbador.
    Frente al caos de la experiencia, desarrollo metodologías de observación, catastro, selección y organización en series. A través de la repetición, la variación y el montaje, ordeno fragmentos visuales para construir cuerpos de obra donde percepción, conflicto y transformación adquieren forma visible.
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