Quizá la primera pregunta que debamos hacer para comenzar este capítulo es con el fin de respondernos si logramos tener una definición común o una comprensión respecto a qué es el tiempo, más allá del significado común y normalmente utilizado, sino ser conscientes de cómo este nos afecta permanentemente.

Quizá podría empezar con una cita de un filósofo presocrático Heráclito de Éfeso, el cual dijo que la única constante es el tiempo: “No te bañas dos veces en el mismo río”, porque el agua fluye de manera constante de tal forma que las partículas con las que te bañaste no vuelven a ser jamás las mismas. Heráclito usaba la imagen panta rhei  del griego panta que significa "todas las cosas" y rhei  que significa "fluir". Nada permanece idéntico, ni el mundo ni nosotros mismos.

¿Cómo es que nos damos cuenta de que el tiempo existe? Quizá ser conscientes de que existe un movimiento o desplazamiento de los objetos a través o en el espacio sea un primer acierto. Para que exista un movimiento o desplazamiento en el espacio, ¿Necesitamos de un tiempo? Me he dado cuenta de que la idea de tiempo es mucho más amplia que eso, quizá ese es un entendimiento que le competa a la física, pero en el arte la fotografía es el camino hacia la muerte.

En la medida que he ido escribiendo este texto, he ido reflexionando y leyendo diferentes autores y textos, así me he encontrado con una frase muy interesante del texto de Marta García Rubio en el cual cita a Rudolf Von Laban:

“Ha llegado el momento de tomar conciencia del espacio como fluido. No se trata solo de un espacio visto por los ojos, sino de un espacio recorrido por el cuerpo. El primer elemento espacial del que hemos sido conscientes ha sido el tiempo” 
(Laban, citado en García Rubio, Dibujar el movimiento, p. 22). 

Esta idea, vislumbrada en la segunda década del siglo XX, nos permite darnos cuenta y reafirma que somos capaces de comprender el movimiento gracias al tiempo, ya que sin un tiempo no hay momentos para que ocurra un movimiento y que somos conscientes de este movimiento porque es el movimiento de nuestro propio cuerpo el primero del que logramos ser conscientes. 

Pareciera que el cuerpo, la materia, se desmaterializa en luz. Este cuerpo material, constituido por partículas y átomos comienza a descomponerse y a transformarse instantáneamente en luz que brilla en este océano en el cual se encuentra sumergido. 

Cronotopo, del griego Kronos que significa tiempo y Topos que significa espacio, lugar. Esta palabra articula las dimensiones de espacio y tiempo, el lugar común que permite el desplazamiento de la materia y que esta se exprese. Aunque estamos acostumbrados a darnos cuenta a través de la vista, la materia, el cuerpo que deambula entre el espacio y el tiempo, que siente y que se expresa a través del movimiento. El verdadero protagonista es el cuerpo y su expresión no se percibe no solo a través del sentido de la vista, sino que también a través de los demás sentidos. Citando nuevamente a Laban.

“No se trata solo de un espacio visto por los ojos, sino de un espacio recorrido con el cuerpo (…). Hay una dictadura de la vista respecto del resto de los sentidos” 
(Laban, citado en García Rubio, Dibujar el movimiento, p. 22). 

Hemos dado tanta relevancia a nuestros ojos para recorrer el mundo, que nos hemos olvidado de nuestros demás sentidos, el equilibrio, kinestésico, espacial que también nos permiten percibir el espacio en el cual estamos inmersos y en el cual deambulamos. 

“El arte está en el movimiento”, recuerdo haber escuchado esa frase en  algunas ocasiones durante mi estancia en la universidad en Valdivia, quizá de mi profesor de teoría del arte, hoy me doy cuenta, que son palabras que dejaron una importante impresión en mi apreciación de la perspectiva respecto al significado de la palabra arte. Me he dado cuenta de que el arte visual genera un impacto en el espectador, o quizá podría referirme a lo que yo considero buen arte (seguramente estoy equivocado). Pero,  sin lugar a dudas, la detención del movimiento genera un impacto visual tremendo: el congelamiento del tiempo, el congelamiento del instante que la fotografía transforma en algo eterno, aunque ya sabemos que está muerto.

Si vemos esculturas de la época clásica, la primera que me llega a la mente es el Discóbolo, en el cual el escultor Mirón logra captar, como si se tratase de una fotografía, la detención del movimiento, del instante. De esta forma se pueden distinguir a detalle los elementos y características tanto de los cuerpos como de los diferentes elementos, y es mucho más impactante ver la detención del movimiento natural que solicitarle a una persona que adopte cierta postura para ser pintada.

En cuanto a la fotografía, recuerdo los retratos de daguerrotipo: fotografías estáticas, con el cuerpo quieto, sin dinamismo, sin movimiento, con una postura antinatural. Sabemos que esta estética de la imagen estaba coartada por las limitaciones tecnológicas de la época. Contrastan mucho con los retratos de gente saltando de Philippe Halsman. Su jumpology es el nombre con el cual él denominó su técnica, en la cual intentaba descubrirlo más auténtico de la personalidad de cada uno de sus personajes retratados a través del salto. Halsman no buscaba la quietud en sus fotografías, sino congelar el movimiento, el instante imperceptible por el ser humano, y ver a través de este instante a la verdadera persona, justo en el momento en que no tiene la capacidad de ocultar su ser más íntimo. En palabras de Halsman: “Cuando pides a una persona que salte, su atención se centra en el salto; el disfraz se cae y emerge la verdadera persona.” (Halsman, 1959, Jump Book, p. XX).

Quizá lo agradable de la captura del movimiento está en la belleza de la naturaleza, del cuerpo en movimiento natural, y poder ver con gran detalle algo que nunca hemos visto, que nuestro ojo no puede ver, algo que, aunque tenemos a la vista, es invisible. Quizá eso es lo que nos genera la impresión en nuestra memoria. “Querer fijar fugaces espejismos” (Pequeña historia de la fotografía, 1931, Benjamín, p. 64). Pero también, ese efecto de fugacidad, esa estela que queda detrás del objeto que se mueve como si fuera agua cayendo con violencia desde una cascada, sin dudas es una imagen espectacular que encontramos en la naturaleza y que nos impacta, las partículas de agua desplazándose una al lado de otra se deslizan con velocidad y violencia hasta estrellarse en las rocas y me parece aún más poético, pensar como estas diminutas partículas de agua, poco a poco, o quizá rápidamente, dependiendo de cómo comprendamos el tiempo mismo, estas partículas van modelando la forma de la piedra que parecieran ser inmutable ante el tiempo. 

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