Esta obra surge del deseo de expresar la dualidad de dos estados emocionales, uno atrapado en lo to terrenal y otro espiritual. El estado terrenal representado por color y tonalidades ardientes que evocan la sensación de energía reprimida y malestar, y por otro lado la búsqueda de un estado superior de armonía espiritual el cual se busca alcanzar. Para lograr transmitir esta idea, se utiliza una técnica de fotografía digital en dimensiones de 5334 x 3139px mediante filtros instalados entre el lente y el sensor de la cámara, precisamente un filtro infrarrojo de 720nm. Este filtro reduce el ingreso de luz visible para el ser humano al sensor de la cámara, permitiendo solamente el paso de la luz infrarroja. La dualidad en la cual se enmarcan estas imágenes, por un lado, enseñan la intensidad emocional que el autor vive en su interior y que oculta a la sociedad, pues el dolor arde desde su interior tiñendo el paisaje explosiva mente de un rojo que con violencia aniquila cualquier atisbo de la existencia tonal de la realidad que el autor demuestra a la sociedad. Estas imágenes ahuyentan al autor a ingresar y sumergirse en estos paisajes que sangran. Mientras que las fotografías con tonalidades amarillentas y blanquecinas invitan al espectador a ingresar a un espacio onírico, en el cual el autor transmite un estado superior de tranquilidad emocional, es así, como estos evocan paisajes etéreos y prístinos en el cual el cuerpo se puede liberar de la angustia patológica que padece. Las tonalidades azules atmosféricas que envuelven el paisaje, eliminan la existencia de lo terrenal y cubren al sujeto que recorre el paisaje como si se tratara de un manto celestial que lo protege del mal de la sociedad en un mundo de belleza eterna y sobrenatural. Apreciar el suave baile del viento reflejado en las hojas de los arboles, oír la calma, oler la tranquilidad, que la atmósfera tinte los pastos, tinte hasta lo mas puro, hasta lo mas intimo del ser y que limpie los dolores del corazón.