Un recurso esencial en la historia del arte es que se ha sido trabajado a lo largo de toda la historia de esta y en diferentes culturas, sin duda, el desnudo. Para comprenderlo en toda su amplitud, debemos remitirnos al punto de vista desde el cual ha sido concebido por filósofos, poetas y artistas. El escritor francés Paul Valéry lo expresó con claridad: “Lo que el amor es para los poetas y narradores, lo es el desnudo para los pintores”(El Erotismo. Gilles Neret. p.42) Esta afirmación nos invita a reconocer que el cuerpo desnudo no es solo un motivo estético, sino un eje fundamental de la sensibilidad artística, tan constante y necesario como lo es el amor en la literatura.

Estaba pensando en el surrealismo y lo que heredamos de este ¿Cómo se relaciona con lo que hemos leído? Sabemos que el surrealismo nos habló del inconsciente, de nuestros sueños, de lo irracional. Pero de todo esto lo único que quedo, fue el impulso erótico, entendiendo el erotismo, no como algo carnal o sexual, sino como espíritu, como emoción, sentimiento. André Masson, se pregunta y responde “¿Qué quedará del surrealismo? El erotismo”. Me imagino que se refería a esto. (Gilles Néret, 1997, El erotismo en el arte, p.XX)

Creo que deberé aclarar que es lo que entiendo por erotismo, en el uso común en la cotidianidad, el concepto se entiende como un tema sexual. Pero aquí es un concepto que construye una dualidad entre espiritualidad y materia, una dualidad que se tensiona, que es poesía.

He estado leyendo el texto de Octavio Paz, La llama doble y en una de sus páginas el define el erotismo así:  “(…) Eros es una divinidad que comunica a la obscuridad con la luz, a la materia con el espíritu, al sexo con la idea, al aquí con el allá (…)”. (Octavio Paz. 1993. La Llama Doble. Pág. 11). El erotismo es una dimensión que se separa del acto sexual con fines reproductivos (materia), y considera los sentimientos y emociones (espíritu) que hay detrás del fin reproductivo, que además es aquello que nos convierte en seres humanos, la capacidad de sentir, de amar y ser amados. 

Quizá también sea necesario aclarar que es lo que entiendo por impulso erótico. Es aquello que sentimos con nuestra fuerza interior que anexa el deseo, la emoción y la creación. Es esta energía vital que busca a la belleza y transciende desde lo material hacia lo espiritual. Si bien, el erotismo en primer lugar, inicia con este impulso sexual, el instinto biológico de reproducción que el ser humano comparte con los animales, para nosotros los humanos, el eros no queda en la reproducción, va más allá. 

“El erotismo y el amor son formas derivadas del instinto sexual: cristalizaciones, sublimaciones, perversiones y condensaciones que transforman a la sexualidad y la vuelven, muchas veces, incognoscible.” 
(Octavio Paz. 1993. La Llama Doble. Pág. 7).

En los seres humanos, el deseo ya no se vuelve algo simplemente físico, se convierte en algo mucho más complejo, algo emocional, simbólico, espiritual, cultural.

Respecto a los conceptos que utiliza Octavio Paz: cristalizaciones; sublimaciones; perversiones y condensaciones provienen de las investigaciones de Sigmund Freud y Stendhal. Considero que es necesario aclarar el significado de cada concepto. Estos conceptos son procesos, y Octavio los presenta en 4 estaciones en el orden ya señalado. 

Primero, la cristalización concepto acuñado por Stendhal en su texto El amor.  Este concepto lo inventa para describir lo que ocurre en la mente de una persona enamorada, todo aquello que se imagina con o sobre la persona amada, perfección, belleza, virtudes que no necesariamente existen en la realidad, tal vez es lo que hoy en día llamamos idealización. Stendhal lo describe así: 

“(…) Había que inducir al público á aceptar la palabra nueva cristalización, propuesta para expresar vivamente este conjunto de locuras extrañas que se imaginan verdaderas y hasta indubitables á propósito de la persona amada.” 
(Stendhal, 1822, El Amor, p. 96). 

El autor habla de esa imaginación que no siempre corresponde a la realidad como locuras extrañas  porque en la mente del ser que ama, esas ideas se sientes como una verdad indudable, ya que el deseo y la imaginación la hacen así.  Resumiendo, la cristalización es un proceso en el cual el deseo transforma la realidad en un ideal, es la concepción de la ilusión amorosa, la espiritualización del objeto amado. 

Para Octavio Paz la cristalización ya no solamente es una transformación de la realidad en un ideal, sino que esta transformación se además es convierte en un proceso creativo. Que puede ser utilizado para la creación artística, esas locuras extrañas, esas falsas ideas de verdad, de las cuales no existe duda alguna, que son indubitables para el enamorado, son un acto creativo de la mente que puede ser expresado a través de la poesía, la pintura y demás expresiones artísticas. 

Es así como el enamorado impulsado quizás por este deseo por volver al pasado detener el tiempo, y querer regresar o tal vez recuperar esos momentos en que este recuerda alegría, cariño, suavidad, calor, busca a través del arte representar y expresar esos sentimientos de amor, que aún no desaparecen pero que están condenados a desaparecer.  

Es así, como la lumínica huella de luz de ese cuerpo desnudo que va desapareciendo es la imagen de aquel amor que está muriendo.

Segundo, la sublimación es entendida como un proceso en el cual el erotismo busca otra forma de expresarse alejándose del acto sexual, la energía sexual puede ser extremadamente intensa, y podría ser peligrosa y autodestructiva si esta se reprimiera de forma completa. Pero esta energía puede llevarse a otro campo, se puede desviar o canalizar para otros fines, otras formas de expresión, como la expresión artística. 

El deseo en el ser encuentra una forma de expresión por medio de creación, se convierte en un acto creativo y ya no necesita ser expresada en el acto sexual. Según Freud en sus Tres Ensayos Sobre la Teoría Sexual, en relación con la sublimación:

“En ella, a las excitaciones hiperintensas que vienen de las diversas fuentes de la sexualidad se les procura drenaje y empleo en otros campos, de suerte que el resultado de la disposición en sí peligrosa es un incremento no desdeñable de la capacidad de rendimiento psíquico. Aquí ha de discernirse una de las fuentes de la actividad artística.” 
(Freud, 1905, Tres ensayos sobre teoría sexual, p. 218).  

Para Octavio Paz, en la sublimación las sensaciones que siente el cuerpo, ya no quedan atrapadas en el cuerpo mismo, en la carne. Estas se liberan de la carne, se transfiguran y transcienden a un plano espiritual transformándose en emociones y sentimientos, que impulsan el acto creativo. Son el impulso de querer plasmar el amor, el deseo, nuestras más íntimas emociones y sentimientos en una hoja con poesía escrita, en un bastidor pintado, o tal vez una imagen desbastada en la piedra. 

Tercero, sobre las perversiones, Freud las define de la siguiente manera:

“La unión de los genitales es considerada la meta sexual normal en el acto que se designa como coito y que lleva al alivio de la tensión sexual y a la extinción temporaria de la pulsión sexual (satisfacción análoga a la saciedad en el caso del hambre). Empero, ya en el acto sexual más normal se anuncian los esbozos de aquello que, si se desarrolla plenamente, lleva a las aberraciones que han sido caracterizadas como perversiones.”  
(Freud, 1905, Tres ensayos sobre teoría sexual, p. 136). 

Lo que nos dice Freud es que las perversiones se encuentran en el acto sexual normal o más común como un esbozo, y que estas pueden persistir inclusive cuando la pulsión sexual se satisface o se extingue. 

Creo que esa energía residual que queda de la pulsión sexual a la cual se refiere, es aquello que se puede transformar en una fuerza creadora y en una fuente de inspiración para la creación artística. La pulsión no es descargada físicamente, busca ser descargada mediante una expresión simbólica.

Lo que nos dice Freud es que las perversiones se encuentran en el acto sexual normal o más común como un esbozo, y que estas pueden persistir inclusive cuando la pulsión sexual se satisface o se extingue. Creo que esa energía residual que queda de la pulsión sexual a la cual se refiere, es aquello que se puede transformar en una fuerza creadora y en una fuente de inspiración para la creación artística. La pulsión no es descargada físicamente, busca ser descargada mediante una expresión simbólica.

Freud distingue dos formas de perversión, primero  las transgresiones anatómicas y luego las demoras. La primera forma de perversión la nombra como transgresiones anatómicas y las define así:

La estima psíquica de que se hace partícipe al objeto sexual como meta deseada de la pulsión sexual sólo en los casos más raros se circunscribe a sus genitales. Más bien abarca todo su cuerpo y tiende a incluir todas las sensaciones que parten del objeto sexual. (…) La credulidad del amor pasa a ser así una fuente importante, si no la fuente originaria, de la autoridad.” 
(Freud, 1905, Tres ensayos sobre teoría sexual, pp. 136-137). 

Lo que nos quiere decir Freud aquí, es que el deseo humano no necesariamente se limita al placer de los órganos sexuales, sino que este  se proyecta afectivamente al cuerpo del ser amado. 

La pulsión sexual no se limita a una zona erógena, sino que se expande, transciende a la espiritualidad del cuerpo entero. El amor, es una exaltación de nuestras emociones tan intensa que nubla nuestro juicio y la razón, y transforma al objeto deseado en una figura idealizada, sagrada. La transgresión anatómica es una manifestación de la imaginación erótica, el cuerpo físico se transforma en una imagen simbólica, lo que en el arte lleva a una contemplación estética. 

La segunda forma de perversión las llama “demoras”, Freud la define así: “demoras en relaciones intermediarias con el objeto sexual, relaciones que normalmente se recorren con rapidez como jalones en la vía hacia la meta sexual definitiva.” (Freud, 1905, Tres ensayos sobre teoría sexual, pp. 136-137). Aquí Freud se refiere al acto previo a las relaciones sexuales, el mirarse, acariciarse, abrazarse, fantasear, etc. Freud nos dice que el placer se detiene en aquellos actos previos y que el placer o la meta sexual se transforma en permanecer en esos actos previos, quizá porque esta acción previa se convierte más placentera que el acto sexual. En las demoras el objetivo, el placer y satisfacción no está en la reproducción biológica, sino el mantener ese estado en el que el ser humano se siente durante los actos previos, en prolongar el deseo. 

Para Freud la perversión es la acción previa a tener relaciones sexuales o esa intención y deseo de permanecer en ellos, lo cual es propio del ser humano, y este lo realiza por medio de manifestaciones culturales. Si bien Paz no explica el concepto de forma literal, podemos encontrar implícito en su texto “(…) el erotismo es exclusivamente humano: es sexualidad socializada y transfigurada por la imaginación (…)” (Octavio Paz, 1993, La Llama Doble, p. 7). Su reinterpretación reside en que la pulsión se aleja de la intimidad y se transforma en algo cultural, algo humano que puede ser simbolizado y posteriormente comunicado y socializado, eso es el erotismo. 

Es por eso que el arte se convierte en un medio de comunicación ideal para comunicar esta intimidad, ya que puede transmitir con la mayor sensibilidad y delicadeza las emociones que siente el enamorado. 

El ultimo concepto que utiliza Octavio Paz es el de condensación, término que deviene del texto la Interpretación de los sueños de Freud, el autor no define de forma específica el concepto, pero entre las páginas de su texto podemos encontrar algunas frases que nos pueden ayudar a entender a que se refería. 

“Lo primero que la comparación del contenido manifiesto con las ideas latentes evidencia al investigador es que ha tenido efecto una magna labor de condensación. El sueño es conciso, pobre y lacónico en comparación con la amplitud y la riqueza de las ideas latentes.” 
(Freud, 1898, La interpretación de los sueños, p. 170). 

Ya con esto, podemos entender que es la condensación es un proceso en el cual se funden los pensamientos, recuerdos y deseos; y construyen una imagen o representación simbólica del sueño. Esta imagen concentra en si misma multiplicidad de significados como diferentes emociones y diferentes memorias en diferentes tiempos superpuestas en un único instante. 

Por lo tanto, la condensación para Octavio Paz es el cómo se crea un símbolo a partir de ideas, verdades, anhelos, sueños, etc. Con el fin de crear un objeto artístico, y es ahí en donde entra la fotografía como un medio para ese fin. 

Quizá, estos conceptos y sus definiciones, son inherentes al proceso creativo, pues tanto el artista tanto como el ser enamorado, crean desde un mismo lugar, desde el deseo, y el anhelo tanto a que este sea consumado, como también al que este deseo se mantenga. Ambos transforman las experiencias sensibles en experiencias simbólicas. Los dos procesos, el artístico y el amorosos, inician desde el impulso erótico.

En la historia del Arte, las diferentes expresiones visuales comparten con la fotografía una búsqueda de belleza, de expresión y de verdad. En este sentido, la representación del desnudo, más allá de la técnica empleada, atraviesa todas las artes como un código que envuelve lo humano, lo simbólico y lo cultural.

No podemos olvidar que esta concepción tiene raíces antiquísimas. Las primeras esculturas paleolíticas, como la Venus de Willendorf o la Venus de Laussel, nos hablan de un imaginario donde la figura desnuda de la mujer simbolizaba fertilidad, abundancia y permanencia de la vida. Aunque desconocemos a sus autores, estas piezas nos revelan la  importancia del  cuerpo femenino en la cultura del ser humano primitivo, no solo como objeto ritual o religioso, sino también nos permite comprender el cuerpo femenino como un símbolo del lenguaje universal que atraviesa tiempos y territorios.

Si bien, ya indagamos entre la dualidad y la tensión existente entre el cuerpo y el alma, visto desde la percepción de Octavio Paz, no estará demás ver este tema desde la perspectiva de otro autor, como lo es Baudelaire, en su texto El Pintor en la vida moderna

“(…) La correlación perpetua de lo que llamamos el alma con lo que llamamos el cuerpo explica muy bien cómo todo lo que es material o efluvio de lo espiritual representa y representará siempre lo espiritual de lo que deriva. (...)” 
(Charles Baudelaire, El Pintor de la Vida Moderna, p. 11). 

A lo largo de la historia, este motivo se ha repetido con insistencia, adoptando múltiples significados. En la tradición occidental, el desnudo se asoció con el ideal de belleza y la perfección del cuerpo, mientras que en otras culturas se vinculó a la fecundidad o a lo espiritual. Su persistencia revela que no se trata de un simple tema artístico, sino de una forma de pensamiento visual, casi un código biológico inscrito en la memoria de la humanidad.

El historiador del arte Gilles Néret, en su libro El erotismo en el Arte, señala que la mujer se convirtió en un objeto de deseo para los artistas, afirmando que “la mujer, que en todo tiempo y ocasión ha desempeñado un papel dominante en las artes plásticas, se ha convertido para ellos en un objeto del deseo”(Aún falta citar). Estas palabras nos recuerdan que el cuerpo femenino no solo ha sido vehículo de proyección estética, sino también escenario de tensiones: entre lo espiritual y lo material, entre lo ideal y lo pasional, entre el deseo y el arte.

El desnudo, entonces, no se limita a la representación de la piel descubierta. Es una construcción cultural que refleja la manera en que cada época ha mirado al cuerpo, lo ha venerado o lo ha reducido, lo ha celebrado como fuente de vida o lo ha convertido en objeto de posesión. En ese tránsito, el arte nos ofrece un registro invaluable de cómo la humanidad ha entendido su propia condición, a través de la fragilidad y la potencia del cuerpo desnudo.
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